Fundación Bancaja presenta la exposición Sorolla. Dibujante sin descanso

La muestra ofrece por primera vez en València una selección de un centenar de dibujos de Joaquín Sorolla, una faceta poco conocida del artista valenciano, pero que practicó de forma intensa a lo largo de toda su trayectoria artística.

Fundación Bancaja ha presentado esta mañana la exposición Sorolla. Dibujante sin descanso, producida junto con el Museo Sorolla y la Fundación Museo Sorolla, que ofrece por primera vez en València un recorrido por la producción de dibujos del artista valenciano que podrá visitarse hasta el 9 de enero de 2022. La presentación ha contado con la participación del presidente de la Fundación Bancaja, Rafael Alcón; el director del Museo Sorolla, Enrique Varela; y las comisarias de la muestra, Inés Abril y Mónica Rodríguez Subirana, así como la asistencia de la bisnieta del pintor y patrona de la Fundación Bancaja, Blanca Pons-Sorolla, y el presidente de la Comisión Permanente de la Fundación Museo Sorolla, Antonio Mollá.

La exposición muestra más de cien dibujos de Joaquín Sorolla, todos ellos de la colección del Museo Sorolla a excepción de uno de la colección de la Fundación Bancaja, tres que han sido prestados por la Universidad Complutense de Madrid y uno por una colección privada, exhibiéndose al público por primera vez. La selección permite percibir la evolución que experimenta el trazo del artista y revela los aspectos que más le preocuparon en el ejercicio del arte. A través de este conjunto pueden verse también los distintos usos que el pintor le dio al dibujo. Sorolla no sólo utilizó el medio gráfico como paso previo a su obra pictórica, a modo de preparación y exploración para sus grandes lienzos. También usó el dibujo como fin en sí mismo, como puro entretenimiento y también para guardar recuerdo de aquellos a quienes más quería: su familia.

Joaquín Sorolla ha sido considerado siempre un pintor de la luz y el color. La exuberancia de su paleta, la rapidez con la que ejecutaba sus cuadros para poder fijar el instante fugaz y su capacidad para captar la luz, subyugaron ya al público de su tiempo, y también ahora al actual. Sin embargo, esa frescura en su pintura no es tan espontánea como parece. Detrás de ella hay un trabajo disciplinado y constante, multitud de ensayos, periodos de aprendizaje y preparación antes de acometer un gran cuadro. Los numerosos dibujos que se conservan de su mano son la mejor prueba de ello: hay constancia de más de 8.000 dibujos realizados por Sorolla, 5.000 de los cuales se conservan en el Museo Sorolla.

Estas cifras son la evidencia del carácter infatigable de Sorolla y nos hablan de su faceta de dibujante prolífico, un “dibujante sin descanso” durante toda su carrera. Sin embargo, esta faceta es aún un tanto desconocida. Son contadas las ocasiones en las que Sorolla envió dibujos a sus exposiciones, apenas regaló algunos a personas cercanas y, a diferencia de sus notas de color, no solía colgarlos en su estudio para mostrarlos a sus clientes. Aunque en los últimos años la obra gráfica del artista se ha ido dejando ver con más frecuencia en diversas exposiciones, la fragilidad de los materiales de dibujo y la enorme sensibilidad del papel ante la luz, hacen que su exposición sea tremendamente delicada y, por tanto, excepcional.

La muestra se estructura en cuatro secciones: ‘Dibujo, familia, hogar’, con dibujos del entorno familiar de Sorolla y su vida cotidiana; ‘La línea en el inicio’, en la que se exponen dibujos de sus años de juventud; ‘Grandes obras, grandes dibujos’, donde se muestran algunos de los dibujos preparatorios más espectaculares del artista que reflejan la premeditación y el estudio que hay detrás de sus lienzos; y ‘La ciudad moderna’, donde pueden contemplarse escenas urbanas de ciudades como Nueva York o Chicago, que fueron un motivo muy frecuente en sus dibujos y notas de color.

Con motivo de la exposición se ha editado un catálogo con la reproducción de las obras acompañadas de textos de las dos comisarias, así como un audiovisual inédito que explica las técnicas utilizadas por Sorolla en su faceta como dibujante.

DIBUJO, FAMILIA, HOGAR

De la familia de Sorolla se conservan numerosos dibujos que muestran a su mujer Clotilde, o a sus hijos María, Joaquín y Elena en la intimidad de su hogar, mientras realizan tareas cotidianas como coser, estudiar, leer o jugar, y a veces posando. Estos dibujos, que nos presentan a su familia a través de sus ojos y nos introducen en la esfera más personal del artista, son puro entretenimiento y en muy pocas ocasiones serán estudio para una obra posterior.

Las habitaciones privadas de la casa que Sorolla construyó para su familia y que hoy es su Museo en Madrid, es el ámbito íntimo que el pintor reservó para sus dibujos: algunos de gran formato y relacionados con estudios para lienzos, pero en su mayoría pequeños apuntes de su mujer y sus hijos. Estos los ordenó en marcos, haciendo agrupaciones que revelan la importancia que estas instantáneas familiares tenían para el artista. Dos de ellos se han reconstruido para esta exposición.

LA LÍNEA EN EL INICIO

La exposición muestra algunos dibujos realizados por un Sorolla muy joven, que acaba de terminar sus estudios en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. En ellos predomina el paisaje tomado directamente del natural. Desde sus dibujos más tempranos, el pintor explora con distintas técnicas (lápiz o carboncillo, acuarela, tinta o gouache), que utilizará ya, en mayor o menor medida, durante toda su carrera.

El dibujo maduro de Sorolla es el resultado de muchos años de estudio y experimentación, de influencias de otros artistas a los que admiró, de sus propios éxitos y fracasos y de sus experiencias vitales. Es fruto también de su carácter: trabajador infatigable, observador, ávido del natural.

En sus primeros años exploró con técnicas y estilos diferentes las posibilidades que el dibujo le brindaba, y pronto descubrió su importancia para la construcción del cuadro. En estos primeros ejemplos se percibe la creciente seguridad de la línea, la evolución de su trazo y la variedad de sus intereses, de donde surgirán las principales líneas temáticas de su pintura.

Relacionados con esta sección y expuestos al final del recorrido, se muestran una selección de cuadernillos de dibujo que aun hoy se conservan completos y encuadernados. Son cuadernillos que Sorolla solía llevar siempre consigo para dar rienda suelta a su natural impulso de dibujar todo aquello que veía.

GRANDES OBRAS, GRANDES DIBUJOS

El dibujo es en muchos casos el primer paso en la elaboración de las obras de pintura de Sorolla. Los efectos de luz y color los tomará directamente del natural, pero en sus cuadros hay mucha más premeditación y mucho más dibujo del que cabría esperar por su aspecto espontáneo.

A lo largo de su carrera usa constantemente el dibujo para estudiar composiciones, entrenar la mano y el ojo y, en definitiva, ir a la búsqueda del cuadro. De estos dibujos previos destacan los grandes estudios de figuras individuales para escenas cuya composición completa analizará en pequeños dibujos de la totalidad, y también hay ejemplos de su uso para retratos. Todos estos dibujos de formato mayor están realizados en un papel oscuro, utilizando el carboncillo y el clarión para resaltar las luces. En la exposición se muestran dos dibujos previos para sendos retratos del rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, que destacan por sus grandes dimensiones de más de dos metros de alto.

LA CIUDAD MODERNA

Primero su curiosidad, y luego el éxito de su pintura, llevaron a Sorolla a conocer grandes ciudades como París, Londres o Nueva York. La ciudad y la vida moderna, poco reflejadas en sus cuadros, fueron en cambio un motivo muy frecuente en sus dibujos y “notas de color”, en los que dio rienda suelta a su libertad creativa produciendo obras de gran modernidad.

De su segundo viaje a Estados Unidos en 1911, se conservan dibujos realizados en los restaurantes de los hoteles en los que se alojó, como puro entretenimiento mientras esperaba a que le atendieran, aprovechando casi siempre el reverso de las cartas del menú. Son un testimonio del ambiente burgués de la época, con la moda elegante como protagonista.

De ese mismo viaje son unas vistas de Nueva York tomadas desde las altas ventanas de la habitación del hotel y pintadas al gouache.  Desde ese elevado punto de vista consiguió composiciones muy atrevidas, por el vertiginoso picado y por la forma de plasmar el rápido movimiento de la ciudad.