Fundación Bancaja presenta la exposición Caminos de modernidad 1860-1980. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

La muestra, que podrá visitarse hasta el 18 de septiembre, ofrece una mirada retrospectiva a la sucesión de movimientos pictóricos desde la segunda mitad del siglo XIX hasta los años ochenta del XX a través de la obra de medio centenar de artistas.

La exposición presenta la mayor selección reunida hasta la fecha de maestros catalanes y valencianos presentes en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, y en diálogo con algunas piezas de la Colección Fundación Bancaja.

La Fundación Bancaja ha presentado esta mañana la exposición Caminos de modernidad 1860-1980. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, que ofrece una mirada retrospectiva a la sucesión de movimientos pictóricos desde la segunda mitad del siglo XIX hasta los años ochenta del XX, reivindicando la modernidad como una evolución constante en la expresión artística a veces con innovaciones sutiles y, en otras ocasiones, desde una mayor ruptura. La presentación ha contado con la participación del presidente de la Fundación Bancaja, Rafael Alcón; el responsable de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Guillermo Cervera; y las comisarias de la muestra, Lourdes Moreno, directora artística del Museo Carmen Thyssen Málaga, y Mar Beltrán, técnica de Cultura de la Fundación Bancaja.

Este relato de los diversos caminos hacia la modernidad artística descansa sobre obras de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza a través de la mayor selección presentada hasta la fecha de maestros catalanes y valencianos presentes en dicha colección, y en diálogo con algunas piezas de la Colección Fundación Bancaja.

La exposición comienza cuando se percibe la experiencia estética de la modernidad. Tras el paso del romanticismo, que consideró la actitud del artista como innovadora y cuyo espíritu melancólico está presente en numerosas obras, se presentan piezas cercanas al naturalismo, para después dejar paso a movimientos como el modernismo, inspirado en la naturaleza, o el noucentisme, que supuso un intento de aunar tradición y renovación. La muestra concluye con obras pertenecientes a corrientes de las vanguardias, cuando la ruptura con el arte tradicional se había efectuado, se imponía un diferente sentido del tiempo, vinculado a lo transitorio, y un nuevo concepto de belleza latía en los pinceles de los artistas.

El recorrido expositivo, con presencia de pintura, escultura y arquitectura, incluye un centenar de obras datadas entre 1867 y 1986 que revelan el particular camino de modernidad tomado por cada uno de los artistas representados: Ramón Martí Alsina, Mariano Fortuny, Modest Urgell, Joaquim Vayreda, Baldomer Galofre, Francesc Miralles, Arcadi Mas, Joan Roig, Eliseu Meifrèn, Joan Llimona, Santiago Rusiñol, Lluís Graner, Joaquín Sorolla, Ramón Casas, José Navarro Llorens, Alberto Pla, Antoni Ferrater, Hermenegildo Anglada Camarasa, Manolo Hugué, Isidre Nonell, Joaquim Mir, Joaquín Torres-García, Joaquim Sunyer, Ricard Canals, Joan Cardona, Josep Clarà, Pau Roig, Pere Torné, Ricard Opisso, Olga Sacharoff, Pablo Gargallo, Rafael Benet, Rafael Durancamps, Josep de Togores, Manuel Moreno Gimeno, Josep Amat, Josep Puigdengolas, Emili Grau, Antoni Clavé, Antoni Tàpies, Albert Ràfols-Casamada, Modest Cuixart, Manuel Gil Pérez, Joan Ponç, Perejaume, Miquel Barceló.

Con motivo de la exposición, se ha editado un catálogo con la reproducción de las obras presentadas así como textos de ambas comisarias. La muestra podrá visitarse en la sede de la Fundación Bancaja en València del 27 de abril al 18 de septiembre de 2022.

La modernidad según Baudelaire

Con el concepto de modernidad como hilo conductor, el discurso expositivo parte de la definición realizada por Baudelaire: “la modernidad…trata de desprender de la moda lo que ésta pueda contener de poético en lo histórico, de extraer lo eterno de lo transitorio”.

Desde el inicio de la muestra, con la sección dedicada al naturalismo, puede observarse la deuda con el movimiento francés del mismo nombre, pero también el deseo de adscribirse a las nuevas tendencias y corrientes artísticas de ese tiempo. Cabe destacar la maestría de Ramón Martí Alsina, creador de la escuela paisajista catalana y maestro de una amplia generación de pintores.

La segunda sección está dedicada a Mariano Fortuny, renovador en la técnica de manera tal que en la producción de los últimos años de su vida se le considera cercano a los principios del impresionismo y los pintores que utilizaron la luz como protagonista principal de sus obras, realizando cuadros con una mayor libertad.

El modernismo fue una corriente de renovación artística internacional que en Cataluña tuvo una personalidad propia y diferenciada apoyada en un importante desarrollo urbano e industrial.

El noucentisme, nombre acuñado por Eugenio d’Ors, fue más estético y literario y consideraba al anterior movimiento como caduco y decadente. Esta propuesta artística deseaba la renovación y la modernidad en las artes plásticas durante las décadas de 1910 y 1920.

La última sección, la dedicada a las vanguardias, ofrece la eclosión del informalismo como nuevo lenguaje de expresión y una cercanía con el movimiento surrealista, en un momento en el que España se encuentra sumida en un páramo cultural y artístico.

De la melancolía a la realidad: romanticismo y naturalismo

El panorama artístico español en 1860, al igual que el europeo, se encontraba en la encrucijada de dos corrientes artísticas diametralmente opuestas: por una parte, se seguían realizando composiciones con acusado carácter romántico e historicista, al tiempo que ya comenzaba a vislumbrarse en una generación de jóvenes artistas las ansias de renovación del lenguaje plástico, encontrando en la pintura del paisaje y la naturaleza una vía de escape para sus inquietudes.

En el ámbito mediterráneo (Cataluña y Valencia) emergerá de una manera patente un grupo de pintores que tendrán el paisaje como fuente de inspiración directa y como vía para canalizar el desarrollo de la pintura moderna.

Ramón Martí Alsina (1826-1894) será en Cataluña el mejor representante de esta renovación paisajística. En palabras del crítico Raimon Casellas, a Martí Alsina “le cabía la gloria de haber fundado la moderna escuela de paisaje en Cataluña”. Sus enseñanzas serán el germen de una nueva generación de pintores como Joaquim Vayreda, Modest Urgell, Baldomer Galofre y Eliseu Meifrèn, entre otros.

Preciosismo y luminismo. La estela de Mariano Fortuny

Mariano Fortuny (1838-1874) fue el pintor español más reconocido a nivel internacional en la segunda mitad del siglo xix, realizando un tipo de pintura con una impronta tan personal y distinta a lo que se estaba produciendo en esos momentos que se podría hablar de “estilo fortunyano” por la singularidad de su factura y características.

Triunfará a nivel internacional con la llamada “pintura preciosista”, obras generalmente de formato reducido realizadas para una burguesía enriquecida. Sin embargo, el prestigio adquirido con este tipo de pinturas llegará a causarle desazón anímica, dado que Fortuny, conocedor de las nuevas corrientes artísticas, sabía que su preciosismo era anacrónico y en esos momentos, como él mismo afirmará, procedía “pintar a lo moderno”.

El éxito de Fortuny fue tan inaudito que otros artistas de generaciones posteriores se sintieron fascinados por sus creaciones, creando honda huella en todos ellos.

Plenitud modernista

El modernismo no es un estilo más. Se trata de una sucesión de manifestaciones artísticas que tienen como común denominador el deseo de modernidad, de cambio, de ruptura, de perfección formal y de armonía en la obra artística. Los creadores modernistas buscan un arte exquisito, refinado, sugerente, evocador.

En pintura destacarán Ramón Casas y Santiago Rusiñol, que superan las corrientes realistas y ofrecen una obra original influida por la pintura internacional que conocerán en sus prolongadas estancias en París. Aportan la voluntad de pintar la vida circundante, el no preseleccionar el tema, así como el realizar encuadramientos insólitos.

El modernismo también abarcará a la generación de pintores plenairista de la llamada “Colla del safrà” (Grupo del azafrán), nacidos en una generación siguiente a la del inicio del movimiento y llamados así por el empleo del color amarillento, azafranado, en la mayoría de sus obras, por su preocupación en la intensidad de la luz reflejada. Sus temáticas, en este caso, suelen tener indicios de desazón y crítica social derivados del desencanto general por los acontecimientos al finalizar el siglo xix.

Artistas como Isidre Nonell, Joaquim Mir o Ricard Canals formarán parte de este grupo.

Noucentisme: la esencia del Mediterráneo

En los albores del siglo XX y como reacción ante el modernismo, surge el noucentisme con carácter propio y vinculado a la cultura catalana. Fue un movimiento minoritario con un espíritu romántico y de exaltación de las raíces rurales. Era reaccionario frente al modernismo, pero tradicional en su estética próxima al mundo clásico y mediterráneo. Tres son los autores fundamentales que están presentes en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza: Torres-García, Joaquim Sunyer y el escultor Josep Clarà.

El uruguayo Joaquín Torres-García defendía un tipo de pintura inspirada en la Grecia clásica, en Puvis de Chavannes, con un tono simplificado que pudiera estar cercano al público.

De Joaquim Sunyer se muestra una obra fundacional como Mediterráneo, con una temática idílica y un lenguaje primitivista, junto a otra de calidad excepcional como Retrato del pintor Cano.

Asentado en París desde 1919, Josep de Togores se constituyó en uno de los últimos y mejores pintores del noucentisme tardío. En otros artistas tuvo un mayor peso la influencia del arte francés tal es el caso de Pere Torné Esquius, Pau Roig o Josep Amat.

La senda de las vanguardias

La historia de la renovación del arte español en el siglo XX comenzó de forma tardía respecto a su desarrollo en otros países europeos.

Tras la Guerra Civil, los primeros movimientos se abren paso de forma tímida. Surgen algunos colectivos, como el grupo Pórtico, en 1947, o un año más tarde La Escuela de Altamira, y de forma más decidida, en Barcelona, en 1948, el grupo Dau al Set que obtuvo una mayor proyección internacional.

En una primera etapa el grupo estuvo vinculado al surrealismo, con líderes como el poeta Joan Brossa y el crítico Juan Eduardo Cirlot. El artista con una trayectoria más significativa fue Antoni Tàpies, cuya producción evolucionó desde el surrealismo hacia el informalismo. Otro pintor como Modest Cuixart está vinculado a lo mágico y esotérico, y Joan Ponç, creador inclasificable, mantuvo el espíritu del grupo, con una producción muy personal poblada de personajes oníricos. Junto a ellos se muestran obras de Albert Ràfols-Casamada, vinculado a la abstracción; Antoni Clavé, quien llevó a cabo una interesante investigación técnica; o Perejaume, cuya labor ahonda en la interpretación del paisaje desde una mirada onírica y surrealizante.