Fundación Bancaja presenta la exposición El paisaje en la pintura de Porcar, Lahuerta y Lozano

La muestra, integrada por medio centenar de obras, se centra en la pintura paisajística que vertebró la producción de Juan Bautista Porcar, Genaro Lahuerta y Francisco Lozano, y que abordaron con un impulso de renovación y modernidad.

La Fundación Bancaja ha presentado esta mañana la exposición El paisaje en la pintura de Porcar, Lahuerta y Lozano, que reúne medio centenar de obras de tres artistas que desde la Comunidad Valenciana se convirtieron en referencia en el arte español del siglo XX: Juan Bautista Porcar (Castellón de la Plana, 1889-1974), Genaro Lahuerta (Valencia, 1905-1985) y Francisco Lozano (Antella, 1912-València, 2000). La presentación ha contado con la participación del presidente de la Fundación Bancaja, Rafael Alcón, y los comisarios de la muestra, Sofía Barrón y Eduardo Alcalde.

Las obras presentadas, entre las que se encuentran piezas inéditas, muestran la temática que vertebró una parte significativa de su producción: el paisaje. Los tres pertenecen al grupo diverso y heterogéneo que en la actualidad se conoce como «renovadores del paisaje de mitad del siglo XX». Son pintores a caballo entre herencia y transformación. En su propuesta plástica se puede rastrear la deuda contraída con la pintura valenciana del entresiglos XIX-XX, de la misma forma que la vinculación de su paisaje con axiomas esgrimidos por las vanguardias europeas históricas.

La muestra pone de manifiesto la personalidad de cada pintor: tres artistas con rúbricas paisajísticas muy distintas, pero con anhelo de modernidad común.

Porcar, pintor formado entre València y Barcelona, se sumó en un principio al primer «clasicismo mediterráneo» adoptado por el noucentisme. Tras la Guerra Civil se convirtió en un paisajista casi absoluto. En su obra no hay asuntos, solo existe paisaje en sí mismo. Se alejó de la interpretación del mar como medio de subsistencia del pescador, entretenimiento de la población y destino del veraneante burgués, y se acercó al puerto, a la dársena solitaria sin actividad pesquera. Tampoco entendió la tierra como una extensión del arduo trabajo del campesino. El artista dedicó sus telas a la tierra montañosa, los pasos a nivel y a los caminos que se pierden en la lejanía.

Genaro Lahuerta y Francisco Lozano procuraron la ruptura con parte de los estereotipos pictóricos del momento aproximándose conceptualmente a los postulados telúricos noventayochistas esgrimidos por Azorín. En la plástica se decantaron por propuestas del cambio de siglo XIX y XX enraizadas en Pinazo o Muñoz Degraín, que aunaron a un lenguaje fauve, cezanniano, protocubista y expresionista, aunque con una manera muy distinta de enfrentarse al lienzo. Mientras Lahuerta estructura estratos de terreno árido y construye volúmenes a través de zonas cromáticas, Lozano prefirió dar protagonismo a la arena de la duna mediterránea salpicada de colorida vegetación.

La selección de obras expuestas, datadas entre 1945 y 1989, procede de la colección de la Fundación Bancaja, a las que se suman piezas de otras colecciones públicas y privadas como la del Museu de Belles Arts de Castelló, Fundació Caixa Castelló, Museu d’Art Contemporani Vicente Aguilera Cerní, Fundación Juan José Castellano Comenge, entre otras.

El recorrido por la muestra incluye la proyección de un audiovisual con imágenes y testimonios de los artistas. Con motivo de la exposición, se ha editado un catálogo con la reproducción de las obras presentadas así como textos de ambos comisarios.

La exposición podrá visitarse en la sede de la Fundación Bancaja en València del 11 de febrero al 12 de junio de 2022.

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Juan Bautista Porcar (Castellón de la Plana, 1889-1974)

Porcar comenzó su formación artística en el taller de Vicente Castell Doménech en el Castellón de 1905. Un año más tarde recibió la pensión de la Diputación Provincial, beca que le permitió acceder a los estudios en la valenciana Escuela de Bellas Artes de San Carlos. En 1909 se trasladó a Barcelona para continuar sus estudios en la Academia de San Jorge, «La Llotja», donde se acercó al movimiento conocido como noucentisme. El pintor sintonizó con el primer «clasicismo mediterráneo». En 1914 volvió a Castellón y fundó la Agrupación Ribalta, grupo artístico de profesionales y aficionados con voluntad paisajística.

A pesar de la fuerte vinculación profesional que le unió a Barcelona, Porcar entendió las tierras de Castellón como la orografía inédita en pintura y convirtió el puerto, los pasos a nivel y las estaciones ferroviarias en protagonistas de sus lienzos. Porcar llevó al lienzo composiciones de horizonte bajo con amplio margen para el celaje y caracterizadas por el uso de una perspectiva «en abanico», en la que las líneas se expanden hacia el exterior creando una panorámica más extensa (Festívola, 1944).

En 1965 fue intervenido de cataratas, operación que supuso un cambio de rumbo en su pintura. Esta última etapa, denominada por muchos fauve o expresionista, se caracteriza por el uso de cromatismo vibrante y pincelada amplia que se impone al dibujo (La masía del pintor, 1974). Porcar construyó el paisaje de Castellón, sin referentes previos, ni tampoco posteriores.

Genaro Lahuerta (València, 1905-1985)

Genaro Lahuerta se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos entre 1919 y 1924, años en que el pintor afianzó su admiración por la pintura valenciana: “el afán de pintar se avivaba ante las visitas continuas al Museo Provincial de Bellas Artes, en el que descubrí, admirado, a Ignacio Pinazo Camarlench, Muñoz Degraín y los Primitivos”. Lahuerta, junto a Max Aub, Juan Chabás, Manuel Abril y Pedro Sánchez, participó en el acercamiento al lenguaje pictórico vanguardista como propuesta para romper con el arte académico e institucional instaurado en Valencia. En la década de los 30, pasó a formar parte de la Sociedad de Artistas Ibéricos, agrupación creada en 1924 con el objetivo de introducir el arte español en las corrientes artísticas europeas.

En 1953 obtuvo una beca estatal que le permitió pintar en el África occidental, estancia que repitió en 1956. Allí dio los primeros pasos hacia la autonomía del paisaje. El pintor prefirió la orografía árida que entendió como óptima para establecer un diálogo compositivo entre geometría, volumen y color. Los textos hablan de fauvismo, de herencia cezanniana y también de sensualidad mediterránea, gesto que consiste en el uso de gamas tonales cohesionadas en una paleta vibrante. En Paisaje de secano (1964), Paisaje de Tárbena (1975) o Estructuras (1978) se distribuyen los colores planos en franjas, zonas que conjugan cromatismo para construir los volúmenes.

Lahuerta creó una de las imágenes más potentes del paisaje valenciano del siglo XX mediante una simplificación formal que prácticamente reduce el objeto a su concepto.

Francisco Lozano (Antella, 1912-València, 2000)

Francisco Lozano demostró, desde su etapa de formación en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, una inclinación hacia la pintura de paisaje que pasó a desarrollar plenamente durante la década de los 40. El propio pintor definió sus períodos artísticos: “…en los 40 fue la ordenación del color; en los 50 la variabilidad gestual; en los 60 el gesto y el color hablaron en nombre del expresionismo sensorial y ahora en los 70 hay una radicalización subjetiva: el signo y el color ya no pertenecen a la descripción del paisaje, sino a mi mundo conceptual. Son ideogramas, no aclaraciones lumínicas o formales”.

Lozano transitó pictóricamente desde lienzos como Barracones y barcas (1957) y Paisaje mediterráneo (1959) hasta sus reconocidas propuestas de dunas y arenales (Arenal florecido y Arenal mediterráneo, 1983). En las primeras composiciones la paleta se redujo a blancos, ocres y negros con concesiones puntuales a otros colores, cromatismo que se reparte sobre la tela mediante pinceladas empastadas y en ocasiones rayadas con el mango del pincel. La luz es afín a parámetros expresionistas, procede del propio color, sin foco. E

El autor ordenó el espacio en tres franjas, espacios que progresivamente fueron reordenándose, adquiriendo protagonismo la dedicada a la tierra y reduciendo cielo y mar. La potencia que adquirió el color hizo propicio el recorrido hacia el expresionismo fauve de raíz mediterránea que se percibe en los paisajes que de forma indeleble en la actualidad se reconocen como «Lozanos».