La lección

La lección, 1906-1910

Ficha técnica

Título
La lección
Año
1906-1910
Autor
Pla y Rubio / Alberto
Medidas
80 × 90 cm
Material
Óleo sobre tela
Serie
Arte de Entresiglos XIX-XX

En 1895 Alberto Pla y Rubio (1867-1937) irrumpió como centro de atención en el medio artístico valenciano. La medalla de primera obtenida en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid por el gran lienzo ¡A la guerra! fue el desencadenante de su reconocimiento como artista de primera fila. Había estudiado en la Escuela de Bellas Artes de la Academia de San Fernando de Madrid y en la de San Carlos de València, y había aprendido directamente de Ignacio Pinazo y Joaquín Sorolla. La crítica de la época celebró su caso como el del salto repentino a la fama de un artista revelación que, a pesar de su exquisita formación, era hasta entonces desconocido para entendidos y aficionados. Poco después, en 1897, llegó la confirmación de su prestigio con La vuelta de la guerra. En este caso obtuvo una segunda medalla en el Salón de París, celebrada por Vicente Blasco Ibáñez como el resarcimiento de la injusticia sufrida por el pintor ese mismo año cuando presentó la obra en Madrid. Según el relato de Blasco en El Pueblo, el cuadro fue aclamado por el público, pero el jurado declinó conceder de nuevo una medalla a un artista tan joven que ya había recibido otra en el certamen anterior. Pla y Rubio quedó enmarcado por la etiqueta del arte naturalista, como se llamaba entonces a la tendencia que hoy calificamos como pintura social, compartida con otros destacados maestros valencianos como Vicente Borrás y, especialmente, Antonio Fillol. Quizá la fuerte competencia entre pintores adscritos a esta temática, de la cual también participó el propio Sorolla, convenció a Pla y Rubio de que era necesario buscar sus propias señas de identidad artística en otros ámbitos.

Este cuadro es un magnífico indicador de la exitosa reorientación estilística que Pla y Rubio acometió a partir de 1903, cuando se traslada a Barcelona para hacerse cargo de su plaza como docente. La pintura descriptiva de sesgo naturalista, con la cual había triunfado en los certámenes nacionales, da paso a una más ligera y delicada de raigambre impresionista, o mejor dicho, de un impresionismo modernista en el que se fusionen caracteres y modos peculiares de la pintura valenciana y catalana. La pintura de Mir debió de impactarle de algún modo con obras como La catedral de los pobres, que le mostraba una manera de abordar la cuestión social muy diferente de la que él había desarrollado en la década de los noventa. Pla convierte ahora las escenas de trabajo campesino y de la vida cotidiana en visiones más poetizadas. La naturaleza se convierte en el escenario favorito de sus composiciones, y desarrolla una interesante actividad como paisajista. En cierto sentido se aproxima al bucolismo de José Navarro y, como este, gusta de las visiones luminosas, pero quizá más matizadas y vibrantes. Pla y Rubio transmite una sensación de inmediatez que entronca con la vertiente luminista valenciana, pero sin imitar la factura de otros artistas. Aunque como casi todos los de su generación mantiene la mirada atenta a la obra del maestro Sorolla, su evolución va por derroteros distintos de los del sorollismo más fiel. La obra que nos ocupa, probablemente realizada entre 1906 y 1910, es una buena concreción de ello, pues es una pieza singular del modernismo valenciano con derivaciones simbolistas poco al uso.

Consigue brillantes efectos de luz y sombras en un registro tonal predominantemente alto, pero no deshace las formas, que se mantienen sólidamente construidas. Va más allá que muchos creadores de su
generación, y la incorporación de un lenguaje divisionista, en pleno auge en el ámbito europeo de principios de siglo y muy en concreto en Italia, denota un deseo acentuado de búsqueda de nuevas formas de expresión. Las ricas sugerencias sinestésicas de un tibio día de primavera bañado en contrastes de luces intensas y sombras matizadas bajo una higuera, escuchando el sonido de las palabras señaladas en el libro, potencian esa moderna sensibilidad lírica que destila lo trascendente a partir de lo cotidiano, sin artificiosas estrategias de escenificación y sin caer en la trivialidad.

Otras obras de la colección

Cabeza de niña con flores
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Sorolla Bastida / Joaquín, Arte de Entresiglos XIX-XX
Cabeza de moro, Sorolla
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Sorolla Bastida / Joaquín, Arte de Entresiglos XIX-XX
Serie Las cuatro estaciones
Benlliure Gil / José, Arte de Entresiglos XIX-XX
Sagunto desde el calvario
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Moreno Gimeno / Manuel, Arte de Entresiglos XIX-XX