Señoras en un banco del paseo de la Concha. San Sebastián

Señoras en un banco del paseo de la Concha. San Sebastián, ca. 1912

Ficha técnica

Título
Señoras en un banco del paseo de la Concha. San Sebastián
Año
ca. 1912
Autor
Sorolla Bastida / Joaquín
Medidas
16 × 21,7 cm
Clase
Pintura
Material
Óleo sobre cartón
Soporte
Cartón
Serie
Arte de Entresiglos XIX-XX

A partir de 1906 Sorolla escogerá en numerosas ocasiones las playas del norte de España para veranear con su familia. Ya desde la primera de sus estancias, en la que reside en Biarritz, visita también San Sebastián durante unos días para ver a su amigo el doctor Medinaveitia y consultarle sobre el estado de salud de su hija María. Sorolla ya había estado en San Sebastián, pero a partir de este momento va a ser el lugar al que también se desplace su familia.

Será en 1911 cuando la familia Sorolla veranee oficialmente en San Sebastián. Ese año constituye un punto de inflexión en la pintura de Sorolla y en su carrera, marcadas, respectivamente, por la evolución técnica que supone el cuadro La siesta y por la firma del contrato para pintar la decoración de la Hispanic Society of America. A partir de este momento, toda la producción artística de Sorolla gira en torno a la obra para Nueva York, razón por la cual en los veranos siguientes elegirá su destino dependiendo de los estudios que tenga que realizar para los paneles. Así, en 1912 la familia residirá durante el periodo estival en San Sebastián, mientras que Sorolla tomará esta ciudad como base para desplazarse a Roncal (Navarra), Ansó (Huesca) y Lequeitio (Vizcaya). También viajará a San Sebastián de camino a París en 1913, y en 1914 esta ciudad constituirá la primera etapa del veraneo familiar antes de trasladarse todos a Jaca para la boda de María.

En San Sebastián, Sorolla encuentra un ambiente social amplio, cosmopolita, adecuado para las relaciones sociales de sus hijos y también para las suyas propias; allí mantiene un círculo de amistades con el que participa en tertulias en los cafés, asiste a partidos de tenis o a carreras en el hipódromo.

Además, como siempre, Sorolla pinta. Son característicos de estas estancias en San Sebastián los cuadros de pequeño formato, y lo son por varias razones. Como ya hemos dicho, la realización de notas de color es habitual en Sorolla, y lo que era habitual pasa a ser casi una norma por razones prácticas relacionadas con lo efímero de su paso por el norte y el escaso tiempo del que Sorolla disponía. A la dedicación a su familia y a los compromisos sociales se suma la necesidad de descansar de los grandes formatos que estaba creando para la Hispanic Society. Sorolla sigue pintando, pero lo hace, más que para seguir entrenando la mano y el ojo para ejecutar rápidamente los cuadros más grandes, por placer. Esta intención puramente estética, casi egoísta, de un Sorolla que pinta para sí mismo se destila en cada centímetro de estas tablas, y por eso nos resultan tan atractivas. Se dice que en las distancias cortas se conoce a las personas y, en nuestro caso, en las pequeñas dimensiones conocemos al pintor.

En obras como Señoras en un banco del paseo de la Concha, Sorolla es capaz de desplegar toda la maestría técnica que había alcanzado a lo grande en La siesta y que no pudo desarrollar en los paneles del encargo de Huntington. Cualquier motivo le sirve para recorrer este nuevo camino en su arte; destacan los tipos que se encuentra en las playas y los paseos, en los que refleja con exactitud fotográfica sus trajes, sus sombreros, sus actitudes y el ocio de la alta sociedad anónima.

Otras obras de la colección

Horno del palmeral de Elche
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Sorolla Bastida / Joaquín, Arte de Entresiglos XIX-XX
Las víctimas de Navidad
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Benlliure Gil / Mariano, Arte de Entresiglos XIX-XX
Bodegón de caza en un interior y Bodegón de cocina en un interior
Parra Piquer / José Felipe, Arte de Entresiglos XIX-XX
Sagunto desde el calvario
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Moreno Gimeno / Manuel, Arte de Entresiglos XIX-XX