Figuras sentadas en la playa. San Sebastián

Figuras sentadas en la playa. San Sebastián, 1917

Ficha técnica

Título
Figuras sentadas en la playa. San Sebastián
Año
1917
Autor
Sorolla Bastida / Joaquín
Medidas
14,5 × 18 cm
Clase
Pintura
Material
Óleo sobre cartón
Soporte
Cartón
Serie
Arte de Entresiglos XIX-XX

En Señoras en un banco del paseo de la Concha. San Sebastián, relacionábamos los pequeños formatos que Sorolla pinta a partir de 1911 en las playas de esa ciudad con el encargo de obras por parte de Archer Milton Huntington para la decoración de la biblioteca de la Hispanic Society of America. En el caso de Figuras sentadas en la playa. San Sebastián, esta circunstancia es todavía más evidente, ya que en 1917, el año en que fue pintada, Sorolla siente la necesidad de descansar del citado encargo durante el verano. El contrato fijaba un plazo de un lustro, que en ese momento ya se había cumplido, y por aquel entonces todavía le quedaban por realizar varios paneles. El motivo del siguiente panel lo encuentra en Extremadura a principios de ese año, pero debido al mal tiempo desiste de pintarlo en ese momento y no lo retomará hasta octubre. Es también el año en que nace el primer nieto de Sorolla, Francisco Pons-Sorolla, al que llamarán familiarmente Quiquet y que fue el único al que Sorolla conoció.

Ese verano, por tanto, Sorolla se desplaza de nuevo a San Sebastián, dispuesto a descansar y a pintar temas que no tengan que ver con la decoración de Huntington. Se instala en villa Sorolla, una casa situada en la falda del monte Igueldo a la que la familia volverá en años siguientes, incluso durante los veranos de 1920 y 1921, cuando Sorolla ya estaba enfermo.

Destacan entre la producción del verano de 1917 las obras en las que representa el rompeolas de San Sebastián o el monte Ulía, pero sobre todo las más de cincuenta notas de color en las que vuelve a mostrar toda la modernidad de su pintura. Ocurre así en el caso de Figuras sentadas en la playa. San Sebastián; en esta obra la escena está enmarcada por un gran triángulo blanco en la parte superior que recorta las figuras situadas en primer plano, en un enfoque de gran modernidad en el que el pintor no ha buscado el mejor punto de vista, sino que se limita a pintar lo que directamente está pasando frente a él. Del mismo modo, estas figuras están representadas casi únicamente por volúmenes geométricos, recortadas sobre la arena de la playa por líneas de blancos casi grises, mientras que lo que se halla en último término a la derecha ni siquiera lo vemos; apenas se han insinuado unos trazos de color que indican movimiento y la existencia de algo más, recursos todos ellos usados por el fauvismo. Sorolla no se puede encajar en ninguna de las vanguardias; sin embargo, muchas de sus notas de color, analizadas en detalle, resultan más vanguardistas y rompedoras visualmente de lo que la engañosa facilidad de su contemplación nos revela en un primer momento.

Una vez más, tenemos numerosos testigos fotográficos que nos muestran a Sorolla pintando en la playa estas notas de color, rodeado de sus amigos y su familia, mientras fuma un cigarrillo. Sus acompañantes observan el mar, conversan entre ellos o posan ante la cámara… y, mientras tanto, Sorolla pinta, porque Sorolla mira.

Otras obras de la colección

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